INVALIDACIÓN EMOCIONAL
- Fernando Torres Herrera
- 24 ene
- 1 Min. de lectura
Es común que desde la infancia se enseñe a los infantes que no deben llorar, enojarse o expresar ciertas emociones. Frases como:
“No te enojes”, “No llores”, “Ya no es para tanto, ve a jugar con tus juguetes”,
son ejemplos de invalidación emocional.
Este tipo de mensajes enseña, de manera gradual, que las emociones no deben sentirse ni expresarse.
Este aprendizaje se internaliza y se vuelve parte de lo “normal” para la persona, hasta el punto de replicarlo: invalidando las emociones de los demás y también autoinvalidándose como individuo.
¿CÓMO PODEMOS MODIFICAR ESTE APRENDIZAJE?
Una forma de hacerlo es a través de la aceptación de las emociones:
Detectarlas en el cuerpo.
Nombrarlas.
Escucharlas y validarlas.
Regularlas.
Actuar conforme a su función.
La psicoterapia brinda estrategias específicas para trabajar cada uno de estos aspectos.
Además, como personas externas, también podemos aprender a validar las emociones de los demás.
En lugar de negarlas o intentar resolverlas de inmediato, podemos detenernos a escucharlas y darles a las emociones el espacio necesario para expresarse y cumplir su función.

Si tú o algún familiar cercano tuyo está siendo victima de la invalidación emocional y no saben de que manera poner limites adecuados respecto a eso: puedes agendar una cita psicológica en nuestro centro de psicoterapia.


This exploration of emotional invalidation really resonates with the frustration I felt when my complex research ideas were dismissed for being "too dense." I remember feeling completely unheard until I worked with an academic editing service that helped me articulate my thoughts without losing their original meaning. It’s a powerful reminder that having someone truly understand and refine your voice can make all the difference in how your message is received.